¿Que los homosexuales no se pueden reproducir? ¡Falso!

¿Que los homosexuales no se pueden reproducir?

¡Falso!

¿Que los homosexuales no se pueden reproducir? ¡Falso!

¿Cuál es la idea más común que tienen padres de familia, líderes de cualquier religión y profesores de ciencias acerca de la homosexualidad? He aquí una: que los homosexuales no se puenen reproducir… un hecho más que obvio. Y es que, sí, ni pareja de hombres ni pareja de mujeres pueden tener bebés, pero qué tal si deconstruimos la evidencia de dicha cuestión.

El asunto que analizamos se remonta a la antigüedad y constituye una de las bases de la moralidad sexual de Occidente, la cual considera que la homosexualidad es “contra natura”. La idea se originó en la Época Clásica, más específicamente con los diálogos tardíos de Platón. Con el tiempo, los moralistas Grecorromanos la ratificaron, hasta que predominó con la llegada del cristianismo. Los filósofos modernos quedaron a su vez perplejos ante semejante anomalía en el comportamiento humano. Incluso hoy la comunidad científica continúa con la misma certeza: la homosexualidad es intrísicamente estéril. Como los homosexuales no “propagan genes” y por lo tanto debieron haber sido eliminados durante el proceso evolutivo, significa que son una anomalía en la evolución. Sin embargo, historiadores, antropólogos y sociólogos recientemente han revelado una realidad muchísimo más compleja.

Los datos de fuentes antropológicas, por ejemplo, son sorprendentemente consistentes. En su mayor parte, aquellos afirman que las relaciones homosexuales han sido perfectamente compatibles con la reproducción. Tal era la percepción general en la antigüedad, desde Grecia hasta Japón y de Australia a Centroamérica, al igual que en el Mundo Islámico y probablemente en cualquier civilización antes de la colonización europea. La excepción a esta regla la conformaban los transgeneristas, individuos que, sin embargo, se les atribuían o concedían derechos de pertenecer al sexo opuesto o a un tercer sexo. A los berdache en Norteamérica, a los hijras de la India y a los māhū de Hawai se les eximió del deber de la reproducción… pero no a sus parejas de sexo masculino. En cuanto a las lesbianas, ellas fueron sometidas al matrimonio en la mayoría de los casos, por lo que a lo largo de la historia sus relaciones permanecieron prácticamente invisibles. En la Europa cristiana, a los sodomitas se les obligaba a esconderse de la luz pública. Exceptuando el caso de que optaran por el sacerdocio, ellos también se casaban y tenían hijos. Tal es el caso de Oscar Wilde, quien tuvo dos hijos.

A fin de cuentas, el concepto de “homosexual estéril” se aplica únicamente a generaciones recientes. Luego de la Segunda Guerra Mundial y particularmente desde la liberación sexual de los setentas, un nuevo y moderno tipo de relaciones homosexuales se convirtió en el nuevo paradigma. Una de las novedades de la identidad homosexual es la de defender un exclusivo interés en parejas del mismo sexo. Sin embargo, tan solo tres décadas después, la población homosexual está ahora luchando por el derecho a casarse y a que se les reconozca su núcleo familiar. Parejas del mismo sexo han empleado varias estrategias para tener hijos, como la inseminación artificial y la ayuda de madres sustitutas. Muchos homosexuales de hoy tendrían hijos fuera de su vínculo matrimonial y/o romántico con un individuo del mismo sexo. En términos generales, datos de fuentes antropológicas e históricas, incluso los más recientes, confirman que los homosexuales sí se pueden reproducir. Pero nuestra indagación aún no termina.

La mayoría de los idiomas alrededor del mundo utilizan la palabra sexo para designar dos actividades sustancialmente diferentes. Por un lado, el proceso de procrear en virtud de la combinación de las reservas genéticas de dos individuos (ya sean de seres humanos, de plantas o de bacterias) y, por otro lado, un grupo de comportamientos dirigidos a provocar placer y ocasionalmente un orgasmo. El sexo por placer, a diferencia del sexo reproductivo, se observa únicamente en mamíferos complejos, y no hay duda de que los seres humanos lo han dominado.

Ambos procesos, el sexo reproductivo y el sexo por placer, utilizan órganos sexuales, pero el sexo por placer involucra muchas otras partes del cuerpo, como el lector ya bien sabe. La idea de que las relaciones sexuales homosexuales impiden la reproducción va de la mano con la idea de que las relaciones sexuales heterosexuales son “siempre” encaminadas a la posibilidad de procreación. Ambas afirmaciones son igualmente infundadas. Ciertamente en la raza humana las relaciones heterosexuales por placer, a diferencia del sexo reproductivo, son ligeramente procreativas. Hagamos los cálculos y tratemos de estimar cuánto sexo en realidad conlleva a una concepción. Restemos todos los actos sexuales que no incluyen una penetración vaginal con una eyaculación (cada cual debería hacer su propia lista). Luego restemos los casos en los que la mujer es estéril…

Unos pocos casos de sexo reproductivo en la vida de un individuo serán suficiente para asegurar una adecuada reproducción. Como es natural, la especie humana está diseñada para que el sexo por placer y el sexo reproductivo estén desconectados: la mujer todo el tiempo es receptiva (no únicamente durante períodos biológicos de recepción sexual altos) y no envía señales visuales u olfativas que les permitan a los machos identificar su fertilidad (una característica que los seres humanos comparten con los bonobos). Una procreación eficiente automáticamente resulta de bastante sexo por placer, como una especie de “derivado”. Por cierto, ¿no creen que el orgasmo femenino, otro misterio biológico, ahora tiene mucho más sentido?

Sin embargo, todo lo que he dicho hasta ahora se opaca por otro dilema evolucionario de la especie humana: la menopausia. Olviden a la poca cantidad de homosexuales que no tienen ningún interés en procrear. La mayoría de las mujeres que sobrepasan los 50 años de edad (entre el 20 y 25 por ciento de la población femenina) no puede reproducirse. Aún así, tienen sexo y por placer.

Obviamente, no soy el único en notar tales inconsistencias, ¿entonces por qué nuestra cultura se ha escandalizado tanto con el comportamiento homosexual?, ¿por qué ha sido considerada una amenaza a la reproducción si ocurre todo lo contrario?, ¿por qué la menopausia nunca ha sido vista como algo “anormal”? Desde una perspectiva que está del lado de la homosexualidad, la respuesta a este asunto se ha considerado en el hecho de que generalmente las personas son ignorantes o malintencionadas. Pero, de nuevo, esto no es lo que observamos porque la lista de grandes pensadores (ya sean filósofos, teólogos o científicos que han criticado, y en la mayoría de los casos condenado, el comportamiento homosexual a lo largo de la historia) demuestra que la homofobia no es cuestión de ignorancia o de malevolencia (a pesar de que ambas, sin duda, han incitado la aversión por la población homosexual).

En vista de nuestra reflexión, definitivamente tenemos un nuevo gran misterio por resolver: ¿por qué los seres humanos consideran algunas cosas ciertas (sin importar cuáles sean) e ignoran otras?, ¿cuáles son las condiciones de nuestro conocimiento y de nuestras creencias? Creo que con esas preguntas seremos capaces de entender la historia de la homosexualidad y de las razones de su integración o rechazo en las sociedades humanas, todo un problema que ha significado un reto para investigadores durante décadas. En otras palabras, sostengo que existe una razón por la que no entendemos totalmente a la homosexualidad. Creo que esto es lo que pronto necesitamos explorar en comunidad y lo que he empezado a comentar en mi nuevo libro The Missing Myth: A New Vision of Same-Sex Love (El Mito Ausente: Una Nueva Visión del Amor Homosexual).

Título Original: Homosexuals Don’t Reproduce: False!

Publicado por: Gilles Herrada

Traducido por: Themonochromeman

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