Essay

Before him is his dad

Before him is his dad in front of a telly. The poor old man looks notoriously aged but still energetic. There is no place there, just a red coach, his dad, and a porn movie on screen. Just a red coach, his dad, and a porn movie on screen. A series of Picasso-like brush strokes, greenish and reddish, serve as background. Then his dad comfortably takes a seat without realizing he is being seen. He slowly takes his right hand towards his groin and strokes it as he watches female skins squirming right before him. The scene is more than grotesque, but it seems there is nothing the youth can do to escape such nauseating intimacies. All of a sudden, dad takes out his heavy member and starts playing with himself. Up and down. Up and down. Up and down. The witness sees his dad’s dark pubes falling off his damp hand while his body stretches and contracts rapidly in line with high-pitched moans.

The vision finishes. It’s early in the morning and the man wakes up with a boner. As usual, gloomy it is in the city. He goes on with his day in spite of the bizarre hallucination. After all, all he minds now is his revealing his secret. Day after day he’s weirdly dreamt of a show to do so: a theatre performance maybe, a public speech perhaps, a live interview on the telly possibly. No, no, no. The answer’s…

Themonochromeman

Frente a él está su papá viendo tele. A pesar de lucir una edad avanzada, el viejo parece tener energías. Aquel no es ningún lugar, apenas hay un sillón rojo, su papá y un vídeo de porno en la pantalla. Un sillón rojo, su papá y un vídeo de porno en la pantalla. Pincelazos parecidos a los de Picasso, muchos verdes y muchos rojizos, sirven de fondo a la escena. Luego el papá cómodamente toma asiento sin darse cuenta que lo están viendo. Delicadamente lleva su mano hacia la entrepierna y la acaricia mientras mira pieles de mujeres retorciéndose justo en frente de él. La escena en este momento es más que grotesca, pero parece que no hay nada que el joven pueda hacer para escapar tan repugnantes intimidades. De repente, papá saca su pesado miembro y empieza a jugar sólo. Arriba, abajo. Arriba, abajo. Arriba, abajo. El testigo ve los oscuros vellos de su padre desprenderse de la ya húmeda mano a medida que el cuerpo rápidamente se estira y encoge al compás de agudos gemidos.

La visión acaba. Es temprano y el hombre se despierta con una fuerte erección. Como siempre, el día es uno más bien oscuro en la ciudad. Continúa su día a pesar de la rarísima alucinación. Después de todo, lo único que le importa ahora es decir su secreto. Día tras día extrañamente ha soñado con todo un espectáculo para hacerlo: acaso una función de teatro, acaso un discurso público, acaso una entrevista en vivo por tele. No, nada de eso. La respuesta es…

Themonochromeman

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